
¿Hasta cuándo? me pregunto a mi misma rechinando los dientes...
Hay cosas tan aparentemente ridículas y superflua spero que duelen tanto, arden en el alma, en la piel, en todo lo que me conforma... y la impotencia crece, me ahoga y una vez más tengo que mantener los dientes apretados, los anhelos a raya y todas mis preguntas en la garganta.
Una vez más tengo que observar y callar mientras me clavo las uñas en las palmas de las manos para no gritar...
¿Hasta cuándo? te pregunto...
Hasta que se astillen tus dientes, responde el silencio.
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